Cuando piensas en yoga, probablemente piensas en posturas. Es lo más visible. Pero las posturas (asanas) son una sola de las ocho ramas que componen el yoga clásico según los Yoga Sutras de Patanjali (siglo II a.C. aprox.). Las otras siete son menos visibles, pero no menos importantes. De hecho, son las que dan profundidad real a la práctica.
Te explico las ocho ramas (ashtanga en sánscrito significa literalmente «ocho ramas») con su sentido contemporáneo, sin tecnicismos ni reverencia ciega, para que entiendas el mapa completo del yoga y sepas dónde encaja lo que estás practicando.
Las 8 ramas en orden

1. Yamas — éticas externas
Las cinco observancias que regulan tu relación con el mundo: ahimsa (no causar daño), satya (verdad), asteya (no robar), brahmacharya (moderación), aparigraha (no aferrarse). El suelo ético sobre el que descansa todo lo demás. Más sobre los 5 yamas.
2. Niyamas — observancias internas
Las cinco observancias que regulan tu relación contigo: saucha (limpieza), santosha (contentamiento), tapas (disciplina), svadhyaya (estudio de uno mismo), ishvara pranidhana (entrega). Más sobre los 5 niyamas.
3. Asana — postura
El trabajo postural. La rama más visible y, en Occidente, la que se ha quedado prácticamente con todo el espacio. En el contexto original asana significaba «asiento de meditación»: una postura cómoda y estable que permitiera permanecer mucho tiempo sin distracción del cuerpo. Con el tiempo se ha expandido a la práctica postural amplia que conocemos hoy. Las 12 asanas básicas.
4. Pranayama — respiración consciente
La conducción intencional del prana (energía vital, comprendida en la práctica como respiración). Las técnicas que regulan el sistema nervioso a través de la respiración. Las 7 técnicas de pranayama.
5. Pratyahara — retirada de los sentidos
La capacidad de retirar la atención de los estímulos externos para dirigirla hacia adentro. En contexto contemporáneo: el «darse permiso para no responder a la notificación». Se cultiva con prácticas como el yoga nidra, el silencio voluntario, el ayuno digital y, simplemente, cerrar los ojos en savasana.
6. Dharana — concentración
Sostener la atención en un solo objeto: una respiración, una vela, un mantra, una sensación corporal. Es la antesala de la meditación: la mente entrenada para fijarse sin esfuerzo. Tres minutos sostenidos en un punto son ya práctica de dharana.
7. Dhyana — meditación
La concentración sostenida que se ha vuelto tan estable que ya no requiere esfuerzo. La diferencia con dharana es sutil: en dharana hay alguien observando un objeto; en dhyana, la observación se ha vuelto fluida, sin sensación de «yo observando». No se decide entrar en dhyana: se llega tras práctica regular de dharana.
8. Samadhi — absorción
El estado donde la separación entre observador y observado se disuelve. Es la rama más debatida y la más difícil de explicar sin caer en lenguaje místico. Patanjali la describe como la culminación del camino. La mayoría de practicantes nunca llegan, ni hace falta llegar para que el yoga produzca todos sus beneficios.
«Yoga citta vritti nirodhah — el yoga es el cese de las fluctuaciones de la mente.»
Patanjali, Yoga Sutras I.2 (siglo II a.C.)
Cómo se relacionan entre sí
Aunque están numeradas del 1 al 8, no son una escalera. Patanjali las presenta como ramas de un mismo árbol: cada una sostiene a las demás. Sin yamas y niyamas, las posturas son gimnasia. Sin pranayama, las posturas son ejercicio. Sin pratyahara, no hay meditación posible. Sin dharana, dhyana es imposible.
El error más común al estudiar este mapa es pensar «tengo que dominar yamas antes de hacer asana». No funciona así. Se trabajan en paralelo. Una práctica viva integra varios niveles a la vez, aunque cada uno lo haga en distinto grado.
Cómo aplicar este mapa a tu práctica
- Si solo estás haciendo asana: añade 3 minutos de pranayama al final de cada práctica (respiración 4-8 sirve). Eso es ya integrar dos ramas.
- Si ya haces pranayama: incorpora 5 minutos de meditación tras savasana (concentración en respiración).
- Si ya meditas: trabaja explícitamente uno de los yamas o niyamas cada mes en tu vida cotidiana.
El yoga no se mide por la complejidad de las asanas que dominas. Se mide por cuántas de las ocho ramas tienes activas en tu vida.
En mi estudio en Barcelona integro las ocho ramas en cada clase, no solo asana. Si quieres una práctica con esta profundidad, la primera clase es de prueba.





