El trauma se aloja en el cuerpo. No es una metáfora: es una realidad neurofisiológica documentada que cambia cómo entendemos el sufrimiento humano y cómo lo acompañamos. La teoría polivagal de Stephen Porges (2011) ha cambiado el paradigma. Y el yoga, cuando se aplica con sensibilidad al trauma, es una de las herramientas que más coherencia tiene con esa teoría.
Te explico cómo funciona el trauma desde una perspectiva polivagal, por qué ciertas prácticas de yoga regulan el sistema nervioso autónomo en personas con historial traumático, y cómo aplicarlo con seguridad. Hablo desde mi formación en trauma-sensitive yoga y la práctica clínica en grupos de duelo.
Qué dice la teoría polivagal en pocas líneas

El sistema nervioso autónomo no tiene dos estados (simpático y parasimpático), sino tres, según Porges:
- Vago ventral (parasimpático moderno): conexión social, calma alerta, capacidad de presencia. El estado del bienestar.
- Simpático: lucha o huida. Movilización ante amenaza.
- Vago dorsal (parasimpático antiguo): congelación, disociación, shutdown. La respuesta cuando huir o luchar no es viable.
El trauma es, entre otras cosas, un sistema nervioso que se queda atrapado en simpático sostenido o, peor, alterna entre simpático y vago dorsal sin recuperar el ventral. La sensación interna: nunca acabas de relajarte, o te disocias completamente cuando algo te activa.
Por qué el yoga sensible al trauma funciona
El yoga sensible al trauma —desarrollado por Bessel van der Kolk y David Emerson en el Trauma Center de Boston— funciona porque:
- Devuelve el control al practicante. Cada postura es invitación, no instrucción. La autonomía es terapéutica en personas que perdieron el control durante el trauma.
- Trabaja la interocepción de forma graduada. Aprender a notar el cuerpo desde la curiosidad, no desde el miedo.
- Activa el vago ventral mediante respiración y sonido. Las técnicas que estimulan el nervio vago ayudan a salir de simpático sostenido.
- No requiere narrar lo ocurrido. A diferencia de la psicoterapia verbal, no exige que cuentes la historia para que produzca efecto.
Las 5 prácticas centrales
1. Auto-tacto consciente
Manos sobre el pecho, sobre los hombros, en abrazo cruzado, sobre la frente. La estimulación táctil consciente activa neuronas del nervio vago y produce sensación de seguridad. Aplicable en cualquier momento de activación.
2. Respiración con exhalación prolongada
4-6 o 4-8 (inhala 4, exhala 6 u 8). Activa el freno vagal directamente. Más sobre la respiración 4-8.
3. Sonido sostenido
OM, bhramari, canto suave. La vibración vocal estimula el nervio vago a través de las cuerdas vocales y la conexión laríngea. Conexión con la voz terapéutica.
4. Movimientos lentos voluntarios
Gato-vaca, círculos lentos de hombros, balanceos suaves. El movimiento lento elegido voluntariamente comunica al sistema nervioso «estoy a salvo, hay tiempo».
5. Posturas con apoyo abundante
Savasana asistida con manta de peso (hay quien usa manta gruesa de unos 4-7 kg que aporta presión profunda), bolsters bajo las rodillas, almohada bajo la cabeza. La presión profunda envía señales propioceptivas que aumentan la sensación de seguridad corporal.
«El cuerpo lleva la cuenta. El cuerpo recuerda. Y el cuerpo, también, es donde el trauma puede empezar a soltarse.»
Bessel van der Kolk, El cuerpo lleva la cuenta (2014)
Qué evitar absolutamente
- Yoga en clases grupales muy llenas o intensas en fase aguda postraumática.
- Pranayamas activadores (kapalabhati, bhastrika, breath of fire).
- Posturas que generan vulnerabilidad postural (paloma profunda, malasana profunda) sin trabajo previo de seguridad.
- Profesores que tocan a las alumnas sin permiso explícito y consciente. Imprescindible elegir profesional formado.
- Música muy alta o ambiente desregulador en clase.
Cómo combinar con psicoterapia
El yoga sensible al trauma es complementario de la psicoterapia, nunca sustituto. La combinación más recomendada en literatura clínica:
- Psicoterapia trauma-informada (EMDR, brainspotting, somatic experiencing) como columna del proceso.
- Yoga sensible al trauma 1-2 veces por semana como práctica corporal de regulación.
- Práctica diaria autoadministrada de 10-15 min en casa para mantenimiento.
Importante: si el trauma es reciente o agudo, primero estabilización con psicoterapia. El yoga puede entrar en una fase posterior, cuando hay un mínimo de regulación basal recuperada.
En mi trabajo de yoga terapéutico integro estas prácticas, especialmente en acompañamiento al duelo (donde el componente traumático es frecuente). Conversación inicial gratuita.





