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Los 5 yamas del yoga: ahimsa, satya, asteya, brahmacharya, aparigraha

Libro antiguo abierto con caligrafía sánscrita junto a vela encendida y taza de té en mesa de madera, atmósfera contemplativa de filosofía del yoga

Si has practicado yoga unas semanas y ya te has familiarizado con la respiración y las posturas, llega un momento en el que el cuerpo te pide más profundidad. Esa profundidad no está en posturas más complejas: está en la dimensión ética del yoga. Y empieza con los yamas.

Los yamas son las cinco observancias éticas con las que Patanjali abre los Yoga Sutras (II.30). Son la primera de las ocho ramas del yoga (ashtanga) y, conviene decirlo claro, no son mandamientos. Son acuerdos contigo misma sobre cómo te relacionas con el mundo. El suelo sobre el que se construye todo lo demás —la práctica física, la respiración, la meditación—.

En este artículo te explico los cinco yamas uno a uno con ejemplos contemporáneos para que puedas llevarlos del mat a la vida cotidiana sin convertirlo en pose espiritual.

El lugar de los yamas en el yoga

Manos de mujer unidas en gassho mudra a la altura del corazón, gesto de compromiso ético y apertura interior

Patanjali presenta el yoga como un camino de ocho pasos (ashtanga): yamas, niyamas, asana, pranayama, pratyahara, dharana, dhyana y samadhi. Los yamas son el primero. No es casualidad: sin un suelo ético claro, las técnicas posteriores —incluso las posturas más sofisticadas— se vuelven gimnasia espiritualizada.

Los cinco niyamas, que vienen justo después, miran hacia adentro: cómo te relacionas contigo. Los yamas miran hacia afuera: cómo te relacionas con los demás y con la realidad compartida. Juntos forman lo que en Occidente llamaríamos una ética práctica del cuidado.

1. Ahimsa — no causar daño

Ahimsa se traduce como «no violencia» o «no causar daño», y es el primero porque sostiene a los otros cuatro. Sin ahimsa, los demás yamas son técnica vacía.

Qué no es: ahimsa no es pacifismo ingenuo, ni evitar todo conflicto, ni callar para no incomodar. Tampoco es solo «no pegar a nadie». Qué sí es: el compromiso de no añadir daño innecesario al mundo, incluyendo el daño que te haces a ti misma.

En la práctica de yoga: no forzar una postura porque ayer la hacías mejor. Respetar el cuerpo cansado. No empujar las rodillas en una flexión. Fuera del mat: revisar el lenguaje con el que te hablas a ti misma cuando te equivocas. Cuestionar consumos cotidianos que sostienen sufrimiento (comida ultraprocesada que te enferma, productos cuyo proceso productivo conoces y rechazas). Salir de relaciones que reiteran daño.

2. Satya — verdad

Satya significa veracidad, autenticidad. Hablar y vivir desde lo que es real, no desde lo que es socialmente cómodo o personalmente favorable. Patanjali lo coloca segundo, justo después de ahimsa, y eso es importante: la verdad nunca debe usarse como arma.

El equilibrio: si una verdad va a causar daño desproporcionado, ahimsa pesa más. Eso no autoriza a mentir; autoriza a callar o a buscar el momento y la forma. La verdad cruel sin necesidad —»te lo digo porque te quiero»— es a menudo violencia disfrazada.

En la práctica: reconocer dónde está realmente tu cuerpo hoy. No fingir avanzar más allá de tu nivel para impresionar al profesor. Fuera del mat: dejar de exagerar logros profesionales para parecer más. Reconocer cuándo algo no te gusta sin justificarlo con «está bien» automático. Ser veraz primero contigo: ¿lo que estás haciendo en tu vida es lo que dices que quieres hacer?

3. Asteya — no robar

Asteya es no apropiarse de lo que no es tuyo. La traducción literal es «no robar», pero el sentido es más amplio: no tomar lo que no se ofrece, en ninguna de sus formas.

Las formas sutiles del robo: robar tiempo (llegar tarde sistemáticamente), robar energía (descargar tus problemas en alguien sin pedir permiso), robar atención (interrumpir, monopolizar la conversación), robar crédito (pasar por tuyo el trabajo o la idea de otra persona), robar futuro (consumo que destruye recursos compartidos).

En la práctica: no copiar mecánicamente lo que hace el de al lado en clase sin sentirlo en tu propio cuerpo. Fuera del mat: respetar el tiempo ajeno como si fuera el tuyo. Pedir antes de tomar prestado. Citar a quien ha pensado lo que estás compartiendo.

4. Brahmacharya — moderación

El cuarto yama es el más malinterpretado de Occidente. Brahmacharya se traduce a menudo como «celibato» porque en su contexto monacal original eso era. Pero su sentido es más amplio y útil para personas en cualquier estilo de vida: conducción adecuada de la energía vital.

Qué propone hoy: no derramar tu energía en mil direcciones a la vez. No agotarte en estímulos que no nutren. No vivir en el exceso (de comida, de pantalla, de relaciones simultáneas, de trabajo). La energía es un recurso limitado y la moderación —no la represión— es el cuidado de ese recurso.

En la práctica: dosificar la intensidad. No agotarte cada sesión. Fuera del mat: revisar a qué se va tu día. Decidir conscientemente dónde inviertes tu atención. Aprender a decir no a invitaciones que sabes que te van a vaciar.

5. Aparigraha — no aferrarse

El último yama es aparigraha: no acumular, no aferrarse, no poseer más allá de lo necesario. Es el yama que más tensión genera con el modo de vida contemporáneo.

No es: no es pobreza forzada ni desinterés por la propia subsistencia. Sí es: revisar la relación entre lo que tienes y lo que de verdad usas. Soltar lo que ya no sirve sin culpa. Cuestionar la necesidad de acumular más.

Aparigraha aplica también al apego emocional: aferrarse a una versión de ti misma que ya no eres, a una relación que ya no funciona, a un trabajo que te niega. Soltar es práctica diaria.

En el mat: soltar la postura cuando toca soltarla. No quedarte en una asana porque te ves bien en ella. Fuera del mat: revisar tus armarios cada cierto tiempo. Cuestionar antes de comprar. Soltar identidades que ya no representan quién eres.

«Cuando los yamas se establecen, la naturaleza misma del practicante cambia.»

Patanjali, Yoga Sutras II.30 (siglo II a.C. aprox.)

Cómo trabajar los yamas (sin perderte en filosofía)

La trampa más común al estudiar los yamas es convertirlos en mandamientos morales y juzgarte cuando no los cumples. Eso es exactamente lo contrario de lo que proponen. Su sentido es convertirse en orientación, no en juicio. Tres pautas concretas:

  1. Trabaja uno por mes. Cinco yamas, cinco meses. Ese mes, observa dónde aparece (o no aparece) ese yama en tu vida cotidiana. Sin cambiar nada al principio.
  2. Lleva un cuaderno corto. Tres líneas al final del día: ¿dónde he visto ese yama hoy? ¿Dónde he visto su ausencia?
  3. Cuando empieces a actuar, hazlo en pequeño. Una conversación, una compra, una postura. La transformación grande es el efecto acumulado de muchas decisiones pequeñas.

Después de los yamas, ¿qué viene?

Patanjali sigue con los niyamas, las cinco observancias internas: saucha (limpieza), santosha (contentamiento), tapas (disciplina), svadhyaya (estudio de uno mismo) e ishvara pranidhana (entrega). Si los yamas son la cara externa de la ética del yoga, los niyamas son la cara interna. Después vienen las ocho ramas completas donde encajan asanas, pranayama y meditación.

Los yamas no son nivel uno y los samadhis nivel ocho. Son las ocho dimensiones simultáneas de una vida en yoga. Por eso un practicante experimentado vuelve a los yamas con la misma frecuencia con que vuelve a tadasana: son el suelo donde todo se sostiene.

Si quieres profundizar en la práctica con un acompañamiento real que integre filosofía y postura, en el estudio de yoga en Barcelona trabajamos hatha yoga clásico desde esta tradición. Las clases son grupos pequeños y la primera es de prueba.

Preguntas frecuentes sobre los yamas y niyamas

¿Cuáles son los 5 yamas del yoga?

Los 5 yamas son ahimsa (no causar daño), satya (verdad), asteya (no robar), brahmacharya (moderación) y aparigraha (no aferrarse). Son la primera de las ocho ramas del yoga según Patanjali y regulan tu relación con el mundo exterior.

¿Qué diferencia hay entre yamas y niyamas?

Los yamas miran hacia afuera: cómo te relacionas con los demás y con la realidad compartida. Los niyamas miran hacia adentro: cómo te relacionas contigo. Los yamas son cinco (ahimsa, satya, asteya, brahmacharya, aparigraha) y los niyamas son otros cinco (saucha, santosha, tapas, svadhyaya, ishvara pranidhana).

¿Hay que dominar los yamas antes de hacer asanas?

No. Aunque Patanjali los presenta numerados del 1 al 8, no son una escalera sino ocho dimensiones simultáneas de una vida en yoga. Una práctica viva integra varios niveles a la vez. Los yamas se trabajan en paralelo a la práctica postural, no antes.

¿Cómo se practican los yamas en la vida diaria?

La práctica recomendada es un yama por mes. Durante ese mes, observa dónde aparece (o falta) ese yama en tu día sin tratar de cambiar nada al inicio. Lleva un cuaderno corto con tres líneas al final del día. Cuando empieces a actuar, hazlo en pequeño: una conversación, una compra, una postura. La transformación grande es el efecto acumulado de muchas decisiones pequeñas.

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